¿PUEDEN LAS RIADAS DEL EBRO JUSTIFICAR UN TRASVASE?

Otra vez el río Ebro sufre una riada excepcional, otra vez se desborda y aumenta su caudal descomunalmente en un corto tiempo y otra vez las regiones del sureste peninsular – Murcia y Alicante sustancialmente – aprovechan la oportunidad para reclamar el trasvase del Ebro. ¿El argumento? Siendo que cuando suceden estas grandes avenidas, el río avanza con un caudal tan grande que en unas pocas horas permitiría satisfacer el consumo de agua de grandes poblaciones durante un año y que esta agua es desaprovechada acabando en el mar, son razonamientos que permiten defender la realización del trasvase del Ebro.saragossa-599648_960_720

No obstante, parece que se trata de argumentos demasiados sencillos y considero que se tiene poco en cuenta otras cuestiones. Habría que investigar adecuadamente el impacto hidrológico, económico y ecológico, así como los principios y normativa aplicable. Por lo tanto, debe desmenuzarse y afrontar la problemática de las sequías del sureste peninsular y las crecidas del Ebro – río que sufre sequías muy graves igualmente –. Y cómo este pequeño espacio está dedicado al Derecho, no podía ser de otra manera, y nos ocuparemos de analizar sustancialmente la cuestión jurídica. Así que, ¡comencemos!

En primer lugar debe recalcarse la importancia de las dos normas más importantes al efecto, la Ley de aguas y el Plan Hidrológico Nacional de 2001. La normativa sobre aguas en nuestro país – aunque haya gente que pueda pensar lo contrario – es de una calidad considerable, en especial debido a las dificultades hidrológicas que nuestra tierra presenta. Una de las características más importantes de nuestra legislación en este campo es el uso de conceptos como el de unidad de cuenca hidrográfica. Esta idea conlleva la división del territorio atendiendo a las características hidrográficas de cada región, definiéndose una cuenca como aquel territorio que tiene un único sistema de drenaje – es decir, un río que desemboca en el mar–, junto al resto de ríos que se conforman como afluentes suyos. Así nos encontramos con la cuenca del Duero, Ebro, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Júcar, Segura, etc.

Partiendo de este concepto base, la Ley de aguas ya prevé en su artículo 14 el respeto a la unidad de la cuenca hidrográfica como principio rector. Esto conllevará que toda política e intervenciones hidrográficas deberán ser realizadas priorizando, en la medida de lo posible, una actuación individualizada por cada cuenca.

Seguro que a nadie se le escapa que este principio se contrapone con la idea principal de los trasvases, y es totalmente cierto. Toda norma y todo principio jurídico tiene sus excepciones y tal es este caso. La propia Ley de aguas recoge en el artículo 45 una mención a la realización de trasvases – transferencias de recursos hidráulicos entre ámbitos territoriales de distintos planes hidrológicos de cuenca  –, remitiendo para estas cuestiones al Plan Hidrológico Nacional (PHN) vigente.

Es aquí donde se habla del principio de solidaridad (artículo 12 del PHN), en especial en lo referente a los trasvases. En el preámbulo del PHN se dice que «especial entidad cobra en el marco de la presente Ley la regulación del régimen económico-financiero de las transferencias. El mismo se rige por los principios de recuperación de costes en línea con lo establecido por la Directiva marco de Aguas, así como el principio de solidaridad, promoviendo un desarrollo conjunto de las cuencas cedentes y receptoras, a través del establecimiento de un tributo ecológico que prevé una cuota destinada a compensar ambientalmente a la cuenca cedente».

Ahora estamos enfrentando el principio de unidad de cuenca con el de solidaridad. Pero también debe tenerse en cuenta los principios de economía del agua, coordinación, eficacia y conservación y protección del medio ambiente, entre otros. En consecuencia, el tema de los trasvases es realmente ambiguo en cuanto al aspecto jurídico y, por lo tanto, deriva en que toda decisión relacionada con la realización de trasvases será tomada de acuerdo a cuestiones políticas, económicas y ecológicas. Eso sí, en todo caso deberá respetarse al máximo los principios que la normativa recoge y ponderar en cada caso cuando debe imperar un principio por encima de otro.

Por desgracia mis conocimientos técnicos sobre hidrografía y ecología son mucho más limitados que los jurídicos. Por eso mismo, si algún lector es capaz de ilustrar en mayor medida sobre estos aspectos sería de agradecer que dejara un comentario para que todos podamos comprender mejor todo este tema.

Ahora bien, se ha achacado en gran medida la falta de solidaridad de la cuenca del Ebro en cuanto a la negativa a realizar un trasvase a los territorios del sureste que lo reclaman. Pero lo cierto es que a día de hoy la cuenca del Ebro cuenta con hasta 8 trasvases externos (http://www.chebro.es/contenido.visualizar.do?idContenido=2157&idMenu=2228).

Por otro lado, el argumento de que debería instalarse infraestructura adecuada para no desaprovechar el agua de las riadas que se produzcan, es una cuestión altamente técnica y compleja y por definición las avenidas de agua son difícilmente controlables. Desde luego que podría construirse embalses, pero es más fácil decirlo que hacerlo, tanto por el alto coste económico y ecológico como por la dificultad técnica. Por otro lado, en mi humilde opinión, la creación de otro trasvase – como medida para paliar las riadas – a las desérticas tierras del sureste peninsular sería ineficiente, ya que las riadas no se producen con regularidad y no creo que se trate de una actuación adecuada para controlar las avenidas de agua que sufre el Ebro.

Desde luego que las regiones que reclaman el trasvase están faltas de recursos hídricos. La cuestión es que rara vez se alega que en la cuenca del Ebro también se sufre sequía. Incluso con el Ebro desbordado, en la margen derecha de la cuenca, los ríos y embalses cuentan con caudales y capacidades muy reducidas (Parte Embalses Cuenca del Ebro 16-04-2018). Por lo que teniendo en cuenta el principio de unidad de cuenca, en primer lugar debería resolverse la sequía en la propia zona de la cuenca del Ebro. Es mi opinión, la negativa al trasvase no se puede achacar a la falta de solidaridad, si no a las necesidades de una región que necesita del agua.

Es una pena que se use la fatalidad que supone una riada como argumento falaz para defender un trasvase que, no creo, sea la mejor solución. Aunque esta solo es mi opinión y seguro que eres capaz de aportar algo en los comentarios que sea realmente interesante.

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Publicado por

ExplícameLaLey

Jorge Escosa Gómez. Graduado en Derecho y Máster Universitario en Abogacía por la Universidad de Zaragoza. Joven con vocación por la abogacía.

3 comentarios en “¿PUEDEN LAS RIADAS DEL EBRO JUSTIFICAR UN TRASVASE?”

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